Ensayo sobre vicios y desafios sobre la evaluación

 


La evaluación es la herramienta por excelencia, utilizada por las instituciones educativas para medir el rendimiento de los alumnos. Es tan necesaria esta herramienta que es parte inherente del proceso educativo, que incluso debe de estar presente en toda la etapa de enseñanza.

La pregunta es si ¿esta herramienta está cumpliendo el objetivo para la cual fue diseñada?, o ¿solo está cumpliendo con un proceso establecido?, ¿se podrá modificar?, ¿las instituciones podrán modificarlas?, es más ¿las instituciones están preparadas para modificarla?

La pandemia que inició en el 2020 trajo una serie de cambios en la forma de enseñanza, primero la transmisión de conocimientos en línea, luego la adaptabilidad de los alumnos a la misma, segundo es que los docentes han olvido o no saben cómo adaptar el proceso evaluativo al nuevo sistema.

Las constantes quejas son; que los alumnos copian, que no se esfuerzan en estudiar, que no están aprendiendo y que al final van a salir mal preparados.

La culpa será solamente de los alumnos que no se adaptaron al cambio, aunque hay que considerar que los alumnos si se adaptaron a la forma de evaluación actual, al no haber modificaciones en los exámenes, ellos consiguieron la forma de ganarlos. ¿Cómo? copiando, consultando en internet o revisando sus materiales.

La situación actual en donde una herramienta tradicional como una evaluación, que podríamos llamar, tradicional, y en muchos casos memorística, ha encontrado su punto de quiebre en este sistema y salió a la luz “el elefante rosado” que nadie quiere ver, que es, que el sistema de evaluación no está midiendo entonces lo que el alumno está aprendiendo, solo están recabando datos, para cumplir con un procedimiento de forma y no de fondo.

En algunas instituciones aún se examinan a los alumnos de pregrado con falsos y verdaderos, selección múltiple, o preguntas de memoria, las que fácilmente las puede consultar en internet. Aunado a la forma tan vaga de realizar una evaluación, se le puede sumar que las evaluaciones en muchos lugares aun no tienen indicadores de competencias a alcanzar.

Para algunas instituciones es muy difícil pensar que se pueden realizar otro tipo de evaluaciones que no sea el tradicional examen escrito, en una fecha y hora establecida, con una duración que mide la eficacia del alumno para contestar y no importando si han aprendido o no.

Con una competencia bien establecida y con formas de evaluación fuera del examen tradicional, se estaría desarrollando una metodología de enseñanza que mejoraría el aprendizaje de los alumnos. Uno por que el docente enseñaría de acuerdo con la forma que va a evaluar, y dos porque el alumno se adaptaría a la forma de evaluar, que es la preparación para la solución de problemas que se le presentarán en el día a día en el área profesional.

La evaluación por competencias establece que se pueden realizar otras formas de evaluación, como; foros, proyectos, solución de casos, debates, presentaciones, etc.

La cuestión es; ¿será que las instituciones educativas estarán en la disponibilidad de aceptar este tipo de evaluaciones a sus estudiantes?, ¿Los docentes están preparados para enseñar y evaluar por competencias?, ¿los estudiantes estarán en la disponibilidad de ser responsables de su propio aprendizaje?

Se hace de suma importancia empezar a cambiar, de alguna forma hay que ir eliminando los vicios al evaluar y tomar en serio el proceso de enseñanza y evaluación del estudiante.

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